sábado, 17 de enero de 2015

Configurar el correo de Sacyl en tu móvil


Esta entrada está superada por una nueva migración del correo corporativo a otro hospedaje. Podéis consultar los nuevos parámetros en este enlace.




Recientemente Sacyl cambiaba el hospedaje de su aplicación de correo corporativo. Con ello se cambiaban los datos necesarios para utilizar esa dirección desde las aplicaciones de correo electrónico de nuestros móviles, tabletas y ordenadores. 

Realmente nunca he usado mucho el correo electrónico de @saludcastillayleon.es, pero desde que el Sacyl nos ha limitado tanto el acceso a páginas web lo utilizo mucho más para enviarme aquellos archivos que antes mandaba por correo electrónico a mi dirección habitual. 

Dejé de usar memorias USB desde que comprendí que eran una fuente inagotable de virus para mi PC, por lo que me enviaba los archivos por correo electrónico. Entonces Sacyl se dio cuenta de que sus trabajadores nos pasábamos los días visitando páginas de tíos/as guarros/as y leyendo "El Jueves" durante el horario laboral y nos limitó el uso de Internet a las páginas que ellos consideran sanitariamente castas. Por ejemplo, nos limitaron el acceso a las páginas del cochinísimo proyecto vikingo o, actualmente, la inadecuada Auditoría Europea de Hemicolectomía derecha.

Ahora he incluido la cuenta del correo de Sacyl en el gestor nativo de correo electrónico del iPhone. Para quienes pueda ser de enterés, pongo un pequeño tutorial con los datos que son necesarios. Supongo que esos datos serán los mismos para Android/Windows Phone, pero si a alguien no le funciona, me puede dejar un comentario y lo miraré.

Al lío.

1.- En los Ajustes, ir al apartado de Correo, contactos...



2.- Seleccionar Añadir cuenta



3.- Seleccionar Exchange




4.- En el apartado Correo, escribir la dirección completa del correo personal, y en Contraseña, por supuesto, la clave de esa cuenta. El apartado Descripción es para poder identificar la cuenta en el gestor de correo y es libre. No suelo poner el nombre completo porque tengo otra cuenta que empieza por el mismo nombre en Yahoo y me confunde. Por tanto, es libre.


5.- El Dominio no es necesario incluirlo, en Usuario debe escribirse grs.root\*********, donde los asteriscos corresponden al NIF (con letra, mayúscula, sin guiones ni puntos, ej 12345678Z. Ojo a la barra, que es la invertida. La Contraseña es de nuevo la misma.



NOTA: A mi me funciona perfectamente así, para enviar y recibir mensajes. No soy informático ni puedo servir de servicio técnico, es decir, que no puedo ayudar mucho más allá de este tutorial y siempre desde la buena voluntad. No puedo asumir ninguna responsabilidad; si se pierde algún correo o falla algo, el mermado sueldo de Sacyl no me lo permite. Sólo intento que sirva de ayuda, compañeros.

Agradecería que si alguien puede aprovechar esta información, lo indicara en el comentario. Y ya de paso me haga publicidad del blog ;)

miércoles, 7 de enero de 2015

Nuevos fármacos y coste sanitario

Termina el año 2014 y en sanidad uno de los asuntos que más polémica y discusión han generado es la aplicación de los nuevos tratamientos de la hepatitis C. Su interés va más allá de la aparición de un nuevo y caro tratamiento que permite la curación de una enfermedad crónica que genera a su vez un importante gasto al sistema sanitario. Porque el desarrollo de medicamentos "tecnológicos" dirigidos a la curación con escasos o al menos menores efectos secundarios es imparable y se extiende a otras enfermedades. Por ejemplo, y sin abandonar el aparato digestivo, es indudable el éxito, mejorable aún, en el tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal por medio de medicamentos denominados “biológicos”, los mismos que tienen prometedores resultados en otras enfermedades autoinmunes. Del mismo modo que las terapias génicas, uno de los campos más prometedores. y probablemente caros. 




La hepatitis C es una enfermedad que provoca un gasto sanitario elevado y aún está por valorar los resultados coste-beneficio de la aplicación de estos medicamentos para determinar quienes serán los más beneficiados de su uso

La polémica ha surgido ante el elevado precio de un tratamiento con Sofosbubir y otros fármacos ya aprobados o pendientes de una inminente aprobación por las agencias del medicamento europea o americana. La FDA aprobó Olysio (simeprevir) en noviembre de 2013, Sovaldi (Sofosbuvir) en diciembre de 2013, Harvoni (Ledipasvir y Sofosbuvir) en octubre de 2014 y Viekira Pak (ombitasvir, paritaprevir y ritonavir comprimidos co-empaquetados con tabletas dasabuvir) hace pocos días. 

Desde que está a la venta de Alemania, Sofosbuvir se ha convertido en el tercer medicamento que más gasto genera a las krankenkassen después de Humira (adalimumab, AbbVie) y Enbrel (etanercept, Pfizer), todos ellos fármacos de nueva generación, a la venta desde hace aproximadamente una década.

¿Quién fija el precio de los medicamentos?

El precio de un medicamento responderá a varios factores. Lógicamente debería ser directamente proporcional al coste de su desarrollo, a la expectativa de viales vendidos y/o pacientes tratados y al tiempo que se espera que sea un fármaco útil (por la pérdida de la patente o por terminar siendo superado por otros medicamentos), todo ello en un contexto delicado pero, al fin y al cabo, de mercado con sus leyes de oferta y demanda. 

Por el desarrollo de cada medicamento fracasan docenas, y los laboratorios deben recuperar la inversión en estos fármacos fallidos con los que consiguen sacar al mercado. Para la pervivencia de estas empresas es preciso asegurar el retorno de las inversiones, investigación y desarrollo de sus medicamentos.

Es conocido que el coste de producción de Sofosbuvir ronda los 100 € por tratamiento, es decir, hasta 600 veces menos de lo que laboratorio pretende cobrar por él en Europa (60.000€), 850 veces en EE.UU. (84000$ por paciente). Gilead, la compañía que vende este medicamento, compró la empresa Pharmasset, desarrolladora del producto, por 11.000 millones de dólares. Un cálculo rápido con precios conservadores en el rango bajo de los que se barajan, permite ver que bastaría con tratar a 200.000 pacientes para recuperar esta inversión. No parece difícil, por tanto; hay margen para ajustar los precios. Estos datos probablemente serían extrapolables a otros fármacos.

No debe olvidarse que el mercado farmacéutico en Europa no es libre. La mayoría de los medicamentos tiene un precio intervenido, Y en este caso cada país tiene libertad para establecer el medio de participar en este proceso. Por ejemplo, el sistema de establecer precios de referencia es una forma, de facto, de fijar precios. Esta publicación, francesa y ya un poco antigua, explica de manera muy clara algunos de estos mecanismos de fijación de precios 

Un mercado europeo supranacional

En ese mercado de compra y venta los grandes compradores deberían tener ventaja. Entre los grandes compradores, sin duda, están los servicios nacionales de salud. Diversas voces han pedido compras unificadas a nivel europeo para limitar los gastos aprovechando la economía de escala. 

Sin embargo, la unificación de precios en Europa no beneficiaría a todos los países miembros por igual. Es conocido que el gasto farmacéutico se ha elevado en toda Europa los últimos 25 años hasta casi duplicarse, en valor absoluto y también relativo respecto al gasto sanitario total. España no ha escapado a esta tendencia (con una corrección en los últimos años) pero no sale mal parada en cuanto al coste de los medicamentos comparado con otros países; si consideramos el precio medio europeo de un determinado producto farmacéutico en 100, España paga 77, mientras Alemania paga 128 o Italia 118. 

Factores económicos y éticos

Muchas decisiones en el campo de la salud comunitaria se toman tomando en consideración la relación coste-beneficio económica. Por ejemplo, a la hora de incluir una nueva vacuna en el calendario se utilizan diversos criterios, que incluyen la valoración económica como un factor fundamental.

En los últimos meses hemos podido leer en todo el mundo artículos que se preguntan “cuánto puede valer una vida”  o “cuánto vale la salud”. ¿Cuánto vale alargar tres meses la vida de un paciente con cáncer, tenga 35 o 79 años?, o ¿quién decide si colocarle una prótesis de rodilla a una obesa de 95 Kg es coste-efectivo?. Los ingleses hace tiempo que se plantean estas preguntas y otras y tratan de dar respuestas a los responsables políticos y a sus trabajadores sanitarios a través del NICE. 


En España estas decisiones se dejan en manos del médico. Sin embargo la administración no se ha preocupado de que reciba la información y la formación necesarias. Incluso se considera que no debe conocer algunos datos como demuestra una anécdota que viví hace poco tiempo, cuando representantes de un laboratorio nos presentaban una nuevo producto que pretendían que usáramos. A la pregunta del precio, tanto el laboratorio como, para nuestra sorpresa, el responsable de compras del hospital se negaron a informarnos a los cirujanos sobre el mismo, considerando quizá que no era asunto nuestro. 

Pero puede ser difícil para un oncólogo rechazar a un paciente para el tratamiento quimioterápico con escasas espectativas a un paciente de edad avanzada si la familia lo exige. O rechazar la colocación de la prótesis de rodilla a esa paciente de 95 kilos del ejemplo anterior. Teniendo en cuenta, además, que en el caso de que el paciente recurra a los servicios de Atención al Paciente de los hospitales públicos españoles, generalmente se ordena atender sus exigencias. Creo que todos los que trabajamos en la sanidad pública conocemos un caso similar.

¿El uso de estos medicamentos puede hipotecar un sistema sanitario público?

Si los precios fueran absolutamente libres y la decisión de tratar universal, la respuesta podría ser afirmativa. Pero corresponde a la administración discutir con las empresas las políticas de precios. Estas grandes compañías son las primeras interesadas en que el sistema siga funcionando. Un sistema en el que, dicho sea de paso, ellas también influyen como un lobby muy poderoso. 

Como mucho desde el principio de la crisis, muchos hemos sido conscientes de que la sociedad española y por extensión la europea deben decidir cuánto y cómo quieren gastar en sanidad. El pueblo español se ha dotado desde la transición de un sistema sanitario avanzado, del que algunos dudan que sea sostenible; afirman que tenemos una sanidad “por encima de nuestras posibilidades”. Nunca he estado de acuerdo con esto; Pienso que los españoles tenemos y tendremos la sanidad que queremos y es función de nuestros dirigentes poner las medidas para que sea sostenible. Y si no es posible, informar a la propia sociedad para que sea ella la que, a través de los cauces de los que cualquier sociedad democrática dispone, debata sobre el futuro. De momento, se ha salvado la sanidad reduciendo el sueldo de sus trabajadores y apretando las tuercas a la industria farmacéutica. Pero de momento, de planteamiento real de la situación para favorecer ese debate no hay nada de nada. Sin embargo asistimos al inadecuado uso político de la política sanitaria, como ocurre con las manifestaciones de unos y otros en el caso que ha originado este post, de los nuevos tratamientos de la hepatitis C.


En conclusión, creo que el desarrollo de nuevos fármacos y tratamientos altamente tecnológicos nos coloca en una encrucijada decisiva en la que la administración debe dejar bien claro qué va a ocurrir con el gasto que pueden ocasionar. Por tanto, es el momento de plantearse una discusión seria. O podemos hacerlo a la española: esperar a ver que hacen los demás, echar la siesta y despertar cuando ya nos impongan desde fuera lo que debemos hacer. 

lunes, 20 de octubre de 2014

¿Profesión de riesgo?



La buena noticia de la mejoría, esperemos definitiva, de doña Teresa Romero, ocupa hoy felizmente a los periodistas. Se repasa la cronología de su enfermedad: la sorpresa de su contagio, la chapuza organizativa y de comunicación de las autoridades sanitarias, los desmanes periodísticos y otros aspectos de este caso que aún darán para hablar mucho tiempo. Tras su curación y, esperemos, la salida del aislamiento de todos los demás implicados pasaremos a ver las consecuencias políticas de este episodio. Como español consciente de dónde vive, supongo que serán entre escasas y nulas.

Sin embargo, lo que más me ha llamado la atención en la prensa de esta mañana ha sido el decidido reconocimiento al trabajo de quienes se han ocupado de la paciente. El medio sanitario siempre conlleva algún riesgo, aunque en general creo que bastante bajo. Quizá alguna exposición a virus como el de la hepatitis, o el VIH, pero con baja probabilidad. Yo no creo que esta profesión sea "de riesgo" como he leído en algún artículo. “Más duro es el andamio”.
Estamos ante una enfermedad con un halo de incertidumbre y desconocimiento rayanos en el misterio, lo que nos debe hacer ponderar en su justa medida la disposición de estos trabajadores a atender a pacientes con enfermedad por virus del ébola. Han cumplido con su obligación, evidentemente. Pero estaban ahí. Y han trabajado en condiciones precarias de seguridad, en parte por las características propias del virus y el desconocimiento de la enfermedad, en parte por improvisación de los responsables político-sanitarios y en parte como víctimas de los recortes. Este cóctel tan peligroso tuvo como consecuencia el contagio de Teresa Romero, y nadie puede asegurar que quienes la han atendido a ella no puedan verse en un plazo de 2 a 3 semanas en su misma situación.

Siempre me ha parecido muy cinematográfico cuando un paciente me dice "doctor, me ha salvado usted la vida”. Porque es mi trabajo. Me produce gran satisfacción poder dar el alta a un paciente oncológico operado, tras un seguimiento de 5, 6 o 7 años, por supuesto. El agradecimiento expresado por un paciente y por su familia, incluso si las cosas han ido mal, es lo que, ahora mismo, más me gratifica en un contexto en que nuestro trabajo cada día tiene que pelear más contra un ambiente deshumanizado y políticamente podrido.
Serían dos cadáveres políticos en cualquier otro país, aquí aún tienen recorrido

Ahora sólo espero que el infame Consejero de Sanidad de Madrid sea capaz de callarse y no aprovecharse del trabajo que han hecho sus empleados, a pesar de su manifiesta incompetencia. Ha pasado el momento de sainetes, señor consejero, ahora va siendo hora de hacer un discreto mutis por el foro, para siempre.
Por eso yo sí quiero transmitir con humildad mi agradecimiento a esos trabajadores sanitarios que han hecho tan bien su trabajo en este caso tan significado. Doña Teresa vive porque la medicina de hoy lo permite, pero sobre todo porque ellos han cumplido con su obligación de forma competente, poniendo su vida verdaderamente en riesgo. Gracias, compañeros, por demostrar vuestra profesionalidad y vuestra valentía.

 
Vídeo: Laboratorio Nivel 4, Boston


jueves, 9 de octubre de 2014

Desde la ignorancia y la perplejidad

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No entiendo nada de gestión de grandes crisis sanitarias, pero creo ser capaz de reconocer cuando algo se está haciendo mal. De relación con los pacientes y sus familiares entiendo algo más.

El ébola ha salido de África. Ha dejado de ser una enfermedad de negros y curas, inofensiva y casi anecdótica, para colarse de un salto en el descansillo de casa. De repente todos hemos despertado: Los medios se encargan de buscar todos los detalles de la noticia, como un elefante en una cacharrería, por vender tres anuncios más. Y los políticos en su línea hispana: a buscar a quién echarle el marrón.

Intento revisar el asunto manteniendo una visión fría, crítica. Cronológicamente, parece razonable traerse a casa a personas que han dado buena parte de su vida por el servicio a los más pobres para intentar que se aprovechen en España de los medios de los que carecen en África. En aquellas fechas hice un tweet en el que expresaba mi miedo a que fueran Mortadelo y Filemón quienes se ocuparan del traslado de los misioneros y Pepe Gotera y Otilio de adaptar el Carlos III. No sé si fueron ellos, pero la consecuencia final es el contagio de un trabajador. Algo que, según muchos expertos, se hubiese podido evitar, dado que el virus es relativamente débil y eliminable con medios habituales, de los que cualquier hospital fuera del área africana debería disponer. Por tanto estamos ante un suceso inesperado.


Posteriormente se ha asistido al deambular de una enferma probablemente contagiosa por consultorios médicos, centros de salud y hospitales varios de la comunidad de Madrid. Una situación que, evidentemente, nunca se debió producir.

Yo mismo trabajo en un hospital. Hace siete días ha aparecido en la intranet un link a un PDF en el que se daba, en unos cuantos folios, información sobre el virus. No se destaca particularmente: es la misma tipología que el cambio en el color de los nuevos tubos de extracción de sangre del laboratorio. Hace una semana era impensable que yo tuviera necesidad de conocer esta información, por lo cual no la he leído. Y supongo que como yo la mayoría de los médicos de atención primaria o de centros de salud. No en vano se nos ha dicho que el virus, de llegar a España, lo haría en forma de balsero enfermo y, si acaso, dentro de unos meses.

Por seguir con la cronología, se conoce la enfermedad de la auxiliar de La Paz, contagiada por el virus del ébola. Y a partir de aquí comienza una serie de despropósitos y barbaridades que deberían sonrojar a más de uno cuando el tiempo permita analizar estos días con tranquilidad.

La primera reacción de nuestras autoridades es una rueda de prensa de la Ministra de Sanidad. La elección de la principal responsable en el terreno de la salud pública parece lógica y el tempo adecuado. Sin embargo, en su aparición la ministra se muestra insegura y en cierta manera malhumorada, lo cual sin duda responde a la falta de capacidad del personaje, demostrado a lo largo de los últimos años. Claro que, revisando nuestros últimos ministros del ramo, parece que todos los presidentes del gobierno consideran a esta cartera como secundaria. No creo que la sociedad exija a la ministra demostrar conocimientos médicos de los que lógicamente carece, pero sí que categoricamene confirme que el trabajo realizado desde el momento en que se conoce el caso es correcto y que la población puede estar tranquila porque la situación está controlada. Y ni lo uno, ni lo otro. Probablemente recibió una llamada de Pepe Gotera unos minutos antes de comparecer y esto la descompuso.

No soy experto en crisis, ya lo he dicho, pero creo que sería de desear la aparición regular ante la ciudadanía de una persona de la administración para actualizar de manera oficial la información, de una forma clara y decidida. Y no sólo no ocurre esto, sino que el siguiente en expresar sus opiniones es el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, responsable de la asistencia de la auxiliar enferma. Y su rueda de prensa parece la charla de un borracho pendenciero en el patio de un puticlub. 

Se extiende en todos estos días una sensación de improvisación. Laprensa se encarga de distribuir noticias incongruentes promovidas por periodistas que buscan a izquierda o derecha del espectro político; entre médicos y legos; vecinos, amigos y familiares de los afectados. Sólo ha faltado preguntar al perro, pero su pronto y controvertido sacrificio lo impidió, no sin que antes una piara de ignorantes salvachuchos dieran su opinión en un carrusel de gilipolleces sin sentido ni criterio. Pero ni a estos ha sido capaz de convencer el Gobierno de la necesidad de esta medida.

Mención aparte me merece el estamento médico. Individual y colectivamente. ¿No existe ya el secreto profesional? ¿Es ético que un médico vaya haciendo en la prensa consideraciones acerca de la paciente y sus familiares? Me gustaría conocer vuestra opinión en los comentarios, porque pese a la ausencia de críticas a esta actitud, me ha llamado mucho la atención. Estaría bien que algún colegio de médicos o la Organización Médica Colegial se pronunciaran al respecto, ya que hasta ahora no lo han hecho. Y que adquirieran un liderazgo social que en estas circunstancias me parece imprescindible. Pero las muy caras y muy devaluadas organizaciones colegiales no tienen en España voz, ni al parecer ganas de tenerla.

No hay prisas. Se extiende el modelo Rajoy. La auxiliar sanará. Y la amenaza del virus desaparecerá. Y si no es así, Dios proveerá. Como digo, modelo Rajoy. Porque varios días después sigue sin haber planes de formación del personal que tiene que hacer frente a la posible extensión de la enfermedad a otros puntos del país; seguimos viendo catarros y operando, no perdamos el tiempo con chorradas formativas, no sea que crezca la lista de espera. Que es lo importante.

No puedo terminar sin desear a la involuntaria protagonista de todo este lío un pronto restablecimiento. Y que a los trabajadores de la Sanidad Pública nos den medios y conocimientos para usarlos con seguridad. Y a los demás les pediría un poco de cordura y que reflexionen un poco antes de hablar y actuar (cada uno en lo que su capacidad le permita, Sra. ministra).



martes, 9 de septiembre de 2014

De periodistas, políticos y negros enfermos.

http://www.revistagq.com/articulos/por-que-las-humillantes-batas-de-hospital-van-abiertas-por-detras/16741

Hace un par de años operábamos de una perforación de duodeno a una mujer que estaba realizando el camino de Santiago en solitario. Era extranjera y no hablaba español.

Cualquiera que haya tenido contacto con este tipo de pacientes sabe que lo más desesperante es la relación con su compañía de seguros. Éstas suelen ponerse en contacto con el médico responsable por teléfono, solicitando una serie de informaciones que habitualmente no se dan por ese medio. En este caso, el supuesto médico (es una llamada en la que se identifican como tal, siendo este extremo indemostrable) fue extremadamente indiscreto y se le "escapó" que la paciente era vicepresidenta de su comunidad autónoma y un cargo importante en el partido gobernante en su país de origen.

Por supuesto no informé de ello a nadie. La paciente insistía en no querer que se avisara a ningún familiar de su situación y al alta, que se prolongó unos días para permitir su desplazamiento, volvió sola a su país. 

Al verano siguiente terminó el camino de Santiago y pasó por el hospital para saludar y agradecernos la atención prestada. Yo ya sabía que habían concedido una entrevista en un periódico de su región en la que había puesto por las nubes al sistema sanitario español y se mostraba enormemente agradecida por el apoyo humano recibido durante su enfermedad (nos había mandado una copia del periódico en una carta de agradecimiento).

Un ingreso hospitalario por una enfermedad grave, o potencialmente grave, es especialmente estresante cuando ocurre en el extranjero, donde es difícil entenderse con el personal (y más en España, donde los idiomas siguen siendo una asignatura pendiente) y se desconoce el funcionamiento del sistema sanitario en cuestión de seguros, abonos y gastos. Sin embargo, aquella mujer estaba muy contenta de que la operación quirúrgica y el ingreso le ocurrieran durante su viaje en solitario a España, ya que le había permitido una recuperación tranquila y sosegada. Me confesó, con un café de por medio, que me estaba especialmente agradecida por otra razón: no haber informado a nadie de su identidad y condición política. Estaba convencida de que, de haber llegado su identidad a los dirigentes "políticos" del hospital, su estancia se hubiese convertido en un infierno de visitas de politiquillos lameculos (palabra que utilizo yo y que ella, seguramente, no pronunció) y cuchicheos.

He recordado esta historia a raíz de la información aparecida hoy sobre la enfermedad de Artur Mas http://www.gaceta.es/noticias/artur-operado-urgencia-insuficiencia-cardiaca-09092014-0856. En un artículo periodísticamente desastroso desde el punto de vista médico, se informa de que el muy honorable ha sufrido una operación como consecuencia de una enfermedad grave. El periodista ha tenido poco tiempo para informarse médicamente de lo que habla, probablemente por la prisa en ser el primero en publicar la información. En los pocos párrafos del artículo se destaca que al presidente de la comunidad autónoma de Cataluña se le relaciona con la corrupción. Más allá del poco gusto de relacionar su enfermedad con sus problemas con la justicia, y de que la sospecha, dedicándose a lo que se dedica y viviendo en el país en el que vive, podría ser más que fundada, el periodista y su medio se han visto en la obligación de enviar una información íntima y personal, amparándose en el derecho de información. En estos casos, mientras que al médico se le exige el secreto profesional, el periodista hace uso de esa información sin permiso, seguramente, del interesado; y por supuesto sin pensar si a éste se le puede hacer algún daño con una información de la esfera de lo estrictamente privado.

Los políticos son humanos. O al menos casi todos. Pero lo son más en el momento en el que sufren una enfermedad grave. Y pienso que les deben asistir los mismos derechos que a cualquier otro ciudadano. En estas situaciones graves los hombres nos igualamos. Entiendo que los políticos pidan que se respeten esos derechos. Del mismo modo que entiendo que, ante la enfermedad, todos los habitantes de España quieran ser tratados de forma humana, sin importar el color de la piel o si llevan los papeles en el bolsillo.

NOTA: A estas horas parece más que dudoso que la noticia sea cierta, lo que no me parece que altere el sentido del texto.



miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿Qué dice el Dr. Google?


Como cirujano estoy habituado a que los pacientes, desde siempre, vengan a mi consulta y, a la pregunta de "¿qué le ocurre?", me respondan con total convencimiento: tengo 'x' y me tiene que quitar tal órgano.

Siempre me ha sentado mal esa actitud, generalmente motivada, consciente o involuntariamente, por el internista de turno, que informa al paciente del diagnóstico y del tratamiento que prescribe cual aspirina; o como el que manda al fontanero para empalmar una tubería.

Si bien el tratamiento necesario con frecuencia está claro, sobre todo en patologías de las llamadas menores, este tipo de actitud puede llevar a malentendidos posteriores entre el paciente y el cirujano si éste no amplía la información que el enfermo ha recibido del médico no-operador, que suele ser escasa o inexistente dado el desconocimiento lógico de éste en asuntos quirúrgicos, más allá de "le mando para que le quiten su 'x'".

Históricamente siempre ha habido pacientes de determinadas patologías crónicas, como la enfermedad inflamatoria intestinal, que leían mucho sobre su enfermedad y podían suponer un problema serio dado su conocimiento tan sectorial de la medicina. Requerían mucha información y, si uno no estaba al día, te podían pillar en 'arrenuncio' a la mínima, con la consiguiente repercusión en la relación médico-paciente. Pero lo verdaderamente serio era que no eran capaces de contextualizar la ingente cantidad de información de la que disponían en su caso particular, lo que podía generar conflictos y malentendidos. 

Hoy día estos casos de pacientes pseudoinformados se dan con mucha más frecuencia. Si la sobrecarga de la consulta me lo permite, lo cual me limita a ocasiones muy escogidas, tiendo a completar la entrevista con una pregunta que generalmente les provoca una sonrisita de "me ha pillado":

  - Y... ¿qué dice de esto el Dr. Google?

Yo les suelo pedir que no "googleen" más, que me busquen si les surgen dudas, incluso que las apunten para preguntarme. Porque, salvo ocasiones contadas, carecen de capacidad crítica suficiente para decidir qué información de la red les puede ser útil. Reconozco que yo mismo fui incapaz de encontrar información aprovechable respecto a una rara enfermedad que afectó a un familiar; de hecho apagué el ordenador porque en los primeros quince minutos de revisión, Google y compañía me bombardearon con desgracias y cataclismos de tal magnitud, que ya me veía de entierro tras terribles sufrimientos. 

Por tanto es necesario estar alerta ante estos pacientes malinformados por el Dr. Google, detectándolos (muchos lo llevan "en secreto") y tratando de ayudarles a encontrar la información necesaria. Convendría tener la ayuda del ministerio/consejerías para que confeccionaran documentos informativos accesibles desde la red, de manera similar a las páginas norteamericanas destinadas a este fin (que en ocasiones resultan demasiado "americanas"); aunque supongo que no podrá ser, dado que nuestros políticos parecen ocupados en otros menesteres más prosaicos con las múltiples "optimizaciones" de recursos que les consumen su tiempo de unos años a esta parte.

Tampoco las sociedades profesionales parecen haberse decidido a actuar en este campo. Pero, ¿dónde podría acudir mejor la familia de un paciente con cáncer de colon para informarse de esta enfermedad, más alla de lo que su cirujano pueda contarle en su inhumana consulta, que a las páginas para pacientes de la sección de colon de la Asociación Española de Cirujanos? Lo mismo sería deseable, ante la inoperancia de quien debería ser responsable de la salud de los españoles, para una cirugía cardiaca, ginecológica o de ORL; y, por qué no, de cualquier otra enfermedad no quirúrgica.

Reclamemos información fidedigna accesible a nuestros pacientes allá donde suelen buscarla y en el idioma que entienden. Y si esta no llega, que tiempo ha habido, tomemos las riendas los médicos y demos más valor a nuestras sociedades científicas ofreciendo este servicio a nuestros pacientes. De esta forma les estaremos ayudando... y también a nosotros mismos. 


jueves, 1 de mayo de 2014

Hambre en la consulta. Comilona después de la manifa.



Ayer, víspera del día del trabajo, me ocurrió algo que me hace ver esta celebración con ojos distintos a los de otros años.

Me dedico fundamentalmente a cirugía oncológica. La relación con estos pacientes es con frecuencia más estrecha de lo habitual en pacientes quirúrgicos. Quizá más cercano a lo que viven los médicos de atención primaria. Ayer vino una paciente a la que ya en su momento pedimos (por no decir exigimos) sin mucho éxito que adelgazara tras operarse de una neoplasia de colon. La cirugía fue bien y el pronóstico es bueno. Sin embargo presenta una hernia incisional (eventración postoperatoria) que le molesta y que, por tanto, deberíamos operar.

La mujer ha engordado aun más, lo que dificulta y empeora el pronóstico de la operación, por lo cual intenté convencerla de que adelgazara, esta vez con más decisión.

La paciente casi se me echa a llorar. En los últimos meses le ha abandonado su marido y dado que no tiene ningún medio económico para mantenerse a sí misma y a su hija adolescente, acude a comer diariamente al comedor social. Exigirle que adelgace a una persona que come lo que le sobra a esta podrida sociedad y que se lleva para merendar y cenar, ambas, medio litro de leche y un paquete de cuatro galletas María, me pareció obsceno. 

Resulta casi incomprensible que hayamos pasado de una situación de pleno empleo en media España a un estado de depravación laboral, social y moral como el que tenemos este 1º de mayo. El baño de realidad que muchos españoles nos hemos dado a base de palos parece tocar solamente de refilón a quienes toman las decisiones. Mientras nuestros políticos sigan viviendo en una burbuja de ilusión, fantasía y coches oficiales, seguiré teniendo estos días de salir de la consulta con ese sabor amargo sobre la lengua. Como ellos, los políticos, pertenezco a los afortunados. Pero vivo en contacto con la realidad, hablo con la gente y siento la misma vergüenza que la que sufren estas personas por estar como están. Yo me quedo con la amargura, los "servidores públicos" con la foto encabezando manifestaciones que no entienden, la paciente con el hambre.